
El arbitraje dominicano vuelve al centro del debate, pero esta vez por una comunicación directa desde la propia cúpula arbitral. En una llamada telefónica recibida por este medio, representantes vinculados al departamento confirmaron tres puntos clave: los pagos atrasados ya estarían saldados, se sancionó de forma permanente al árbitro que abandonó un partido, y se asegura que no volverán a producirse retrasos.
La noticia, en apariencia, es positiva. El problema es lo que queda flotando en el aire: la falta de una explicación concreta sobre quién fue el responsable del impago, y por qué el fútbol dominicano tuvo que llegar a un nivel tan extremo como para que se hiciera verosímil un hecho insólito: un árbitro dejando un partido para irse a pitar otro.
“Estamos al día”: confirmación del pago de atrasos
Según la versión trasladada a este medio, desde hoy el arbitraje dominicano estaría al día con los atrasos que se mantenían pendientes. Ese era el punto más delicado, y el que venía provocando un malestar creciente dentro del colectivo arbitral.
La confirmación llega después de semanas de comentarios, rumores, tensión interna y un escenario que ya estaba impactando en el funcionamiento real de la competición: cuando un gremio esencial no cobra, la cadena completa se rompe.
Árbitros sin cobrar: partidos abandonados y crisis arbitral
“No es culpa de FEDOFUTBOL ni de la LDF”: la respuesta que abre otra pregunta
En la misma comunicación, se nos argumenta que la responsabilidad de los retrasos no corresponde ni a la Federación Dominicana de Fútbol (FEDOFUTBOL) ni a la Liga Dominicana de Fútbol (LDF).
Y aquí aparece el punto más comprometido: si no es responsabilidad de las dos estructuras principales del sistema, ¿de quién lo es?
La pregunta es inevitable, y se trasladó en la conversación. La respuesta recibida fue tan reveladora como insuficiente: “ya se contestará más adelante”.
En un fútbol que exige transparencia y credibilidad, esa frase no ayuda. Porque el arbitraje no es un accesorio: es el corazón de la competición. Y cuando el tema es dinero, la opacidad siempre deja una sombra.
La parte más grave: confirmada la suspensión “permanente” del árbitro que abandonó un partido
El segundo elemento de la llamada es el más contundente.
Desde la propia cúpula arbitral se confirma que el árbitro denunciado por abandonar un partido (alegando sentirse mal) para luego irse a arbitrar otro encuentro organizado por una asociación, ha sido suspendido de manera permanente.
La sanción, en términos deportivos, es máxima. Y envía un mensaje: eso no puede volver a ocurrir.
Porque aquí no hablamos de una “falta menor” o de una anécdota: hablamos de algo que, de confirmarse en su totalidad, rompe un principio básico del deporte: un partido oficial no se abandona.
La promesa: “no habrá más retrasos”
La comunicación incluye además una garantía: a partir de este momento no se va a producir ningún retraso más en los pagos.
Ojalá sea así.
Pero para que la promesa tenga valor real, lo mínimo que se necesita es un paso institucional: un comunicado oficial, firmado por el departamento responsable, explicando:
- Que los pagos están efectivamente al día (con fecha).
- Qué mecanismo se aplicará para evitar nuevos retrasos.
- Qué medidas se han tomado tras el caso del partido abandonado.
- Y, sobre todo, una aclaración clara sobre quién fue responsable del atraso si no fue FEDOFUTBOL ni la LDF.
Porque si el sistema quiere recuperar credibilidad, no puede pedir confianza y al mismo tiempo responder con “más adelante”.
Un llamado inevitable: que el departamento hable “en público”
Esta redacción considera que, con la gravedad del escenario vivido, lo correcto ahora es un comunicado oficial.
No un mensaje de pasillo. No una llamada. No una frase suelta.
Un documento público que blinde al arbitraje, proteja al colectivo serio y explique lo ocurrido con precisión. Porque el arbitraje dominicano no puede sostenerse con silencios, y la afición ya está cansada de promesas sin seguimiento.
Si el fútbol dominicano quiere cambiar, tiene que empezar por lo básico: cumplir, informar y rendir cuentas.
