
Árbitros sin cobrar. Ese es el detonante que ya está rompiendo el fútbol dominicano por dentro: atrasos acumulados, presión interna, y el hecho más grave de todos: partidos oficiales que se abandonan a falta de minutos porque “hay otro torneo que paga al momento”.
Hay escenas que no deberían existir en el fútbol organizado.
Una de ellas —reportada por dos personas vinculadas al entorno federativo y arbitral— es esta: un árbitro habría abandonado un partido oficial juvenil faltando unos 10 minutos, dejando al cuarto árbitro “a cargo”, para irse a pitar otro encuentro de un torneo que “paga de inmediato”.
Si esto ocurrió tal como se relata, no estamos ante un chisme. Estamos ante una grieta institucional: la autoridad se rompe, el reglamento se vuelve decorativo y la credibilidad del fútbol dominicano sigue cayendo… aunque en los papeles todo “funcione”.
Lo que se denuncia
De acuerdo con testimonios recibidos por este medio:
- Hubo entre 6 y 7 jornadas sin pago para árbitros en diferentes competiciones.
- En ese contexto, algunos árbitros priorizan torneos alternos (asociativos o privados) porque pagan “al contado”.
- En la capital, según una de las fuentes, existen grupos que “manejan torneos” y organizan designaciones arbitrales con estructuras internas.
- Se menciona también una asociación/gremio arbitral que, según la fuente, no transparenta ciertos cobros, y solo reacciona cuando los intereses de sus cabecillas se ven afectados.
- Además, se denuncia que habría presiones o amenazas de suspensión a quien se niegue a ir a un partido, incluso en escenarios donde el árbitro no ha cobrado durante semanas.
Este medio no puede verificar de forma independiente cada señalamiento (por ejemplo, quién administra qué grupo, o el destino de porcentajes). Pero lo importante aquí es el patrón: impagos + desorden + incentivos perversos = arbitraje al límite.
Y eso no se arregla con un comunicado bonito.
El corazón del escándalo: el arbitraje no puede “sobrevivir” a base de urgencias
La segunda conversación consultada confirma el dato central: 6 jornadas sin cobrar.
Y aporta una explicación que, si es cierta, deja todo en evidencia:
“Los árbitros prefieren ir a torneos que pagan de una vez.”
Traducción: si el sistema oficial no paga, el árbitro busca dónde sí le pagan.
Y cuando eso pasa, el fútbol “formal” pierde la prioridad.
Porque lo que debería ser impensable —abandonar un partido— pasa a convertirse en una “salida” que el sistema mismo empuja.
El partido abandonado: no es anécdota, es una alarma
El caso del árbitro que “se sintió mal” y dejó un juego juvenil para irse a otro partido, aunque se intente maquillar como tema de salud, abre tres preguntas brutales:
- ¿Cómo es posible que un partido oficial quede sin su árbitro principal?
- ¿Qué sanción aplica cuando se abandona un encuentro?
- ¿Qué control real existe sobre designaciones, horarios y conflictos de interés?
Porque si eso se normaliza en juvenil, mañana ocurre en mayores.
Y si ocurre en mayores, el campeonato deja de ser serio.
¿Quién autoriza pagos? ¿Quién hace seguimiento? ¿Quién responde?
Una fuente cercana al ecosistema federativo afirma que los pagos se hicieron “tarde”, incluso a altas horas, y que existen aprobaciones que dependen de decisiones internas “cuando ellos entienden”.
También se apunta a un problema clásico:
contabilidad y dirección ejecutiva sin seguimiento real, o peor… seguimiento selectivo.
Aquí el punto es simple:
- Si hay recursos, ¿por qué se deja acumular una deuda de 6–7 jornadas?
- Si se paga tarde, ¿por qué se paga tarde?
- Si el arbitraje está sosteniendo el torneo, ¿por qué se le trata como lo último de la lista?
Un torneo sin arbitraje estable no es un torneo. Es un simulacro.
El arbitraje paralelo: cuando el “pago inmediato” compite con lo oficial
El relato incluye algo aún más delicado: circuitos de torneos que pagan al instante y que atraen árbitros porque lo oficial no cumple.
Eso crea un choque inevitable:
- lo oficial exige disciplina
- lo alterno garantiza efectivo
¿Resultado? El árbitro, que también tiene cuentas, termina eligiendo supervivencia.
Pero aquí viene lo grave: el arbitraje no puede tener doble lealtad.
No puede estar “en dos nóminas” emocionales: la del reglamento y la del pago rápido.
Y cuando el sistema lo permite, el fútbol pierde autoridad moral para exigir respeto.
La pregunta más peligrosa: ¿se está cobrando un porcentaje? ¿y dónde va?
Una de las denuncias más sensibles menciona un supuesto cobro de porcentaje (10%) por partido arbitrado vinculado a estructuras internas.
Esto, de confirmarse, sería explosivo.
Pero incluso sin confirmarlo todavía, hay una obligación mínima: transparencia.
Si existe una asociación o entidad que recauda, la pregunta es inevitable:
- ¿cuánto se recauda?
- ¿para qué se usa?
- ¿quién audita?
- ¿por qué el árbitro sigue semanas sin cobrar mientras otros cobran porcentajes?
No se puede pedir silencio a los árbitros cuando el sistema no explica nada.
Lo que FEDOFUTBOL debe aclarar ya (por escrito)
Si la federación quiere cortar esto de raíz, no necesita discursos. Necesita respuestas:
- ¿Cuántas jornadas exactas se adeudaban y por qué?
- ¿Cuál es el calendario oficial de pagos arbitral?
- ¿Quién autoriza, quién ejecuta y quién supervisa?
- ¿Qué protocolo existe si un árbitro abandona un partido?
- ¿Se permite a árbitros pitar torneos paralelos el mismo día con solapamientos?
- Existe o no un sistema de recaudación/porcentajes por partidos? ¿Quién lo administra?
Porque ahora mismo, lo que hay es una sensación de descontrol que ya no se tapa.
Esto no es “un problema de árbitros”. Es un problema de gobernanza
El árbitro no es el villano de esta película.
El villano es el sistema que:
- no paga a tiempo,
- no planifica,
- no fiscaliza conflictos de interés,
- no protege a las competiciones,
- y luego se sorprende cuando el torneo pierde credibilidad.
Hoy fue juvenil.
Mañana puede ser la LDF, una fase final o un partido internacional.
Y cuando eso pase, ya no habrá excusas.
Descubre más desde La Voz Radio RD
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
