
Faltan cinco días para la asamblea FEDOFUTBOL y el país se acerca a un voto que puede marcar un antes y un después.
aprobar decisiones estructurales con una federación fracturada, asociaciones suspendidas, dudas de legitimidad y documentos que, aun siendo “oficiales”, no permiten verificar lo esencial.
No es un debate de pasillos.
Es el momento en que se decide si el fútbol dominicano acepta la normalización del desorden o exige reglas claras.
Porque aquí no está en juego una asamblea.
Está en juego el estándar de país que toleramos en la gestión del deporte.
1) Asamblea FEDOFUTBOL: no es una reunión, es un acto de responsabilidad
En una democracia mínima, la Asamblea es el órgano que vigila, corrige, limita y, cuando corresponde, reprueba.
Pero en FEDOFUTBOL, por cómo se ha llegado a este punto, la Asamblea corre el riesgo de convertirse en lo contrario:
- un trámite,
- una foto,
- un “sí” automático,
- una firma colectiva que protege a quien gestiona, y deja expuesto a quien vota.
Y aquí hay una verdad incómoda que todos deben escuchar:
el que aprueba sin entender, deja de ser víctima y pasa a ser responsable.
2) Las asociaciones suspendidas: el elefante en medio de la sala
La federación no puede construir normalidad con miembros suspendidos.
Una suspensión no es una palabra. Es una consecuencia:
- limita derechos,
- altera la representación,
- distorsiona el voto,
- y vacía de sentido el “somos todos”.
Si el Comité Ejecutivo mantiene la suspensión y la Asamblea ratifica sin resolver el fondo, la federación no solo queda fracturada: queda en una situación extraña, porque pretende operar como estructura completa mientras deja miembros fuera del sistema.
Y aquí aparece una pregunta que no es política: es institucional:
¿Cómo se sostiene una federación nacional si el mapa de asociaciones está mutilado o en disputa?
3) El reloj corre: plazos, comunicación y el derecho a prepararse
No hay transparencia sin tiempo.
No hay control sin plazo.
No hay voto responsable sin preparación.
Si la documentación llega tarde, el asambleísta no analiza: improvisa.
Y cuando se improvisa con cuentas, estatutos y presupuesto, el resultado se llama:
aprobación por inercia.
No es un detalle técnico.
Es el mecanismo perfecto para que la responsabilidad quede repartida y nadie pague el costo de haber aprobado algo que no pudo revisar.
Y eso también es una forma de poder.
4) El núcleo del escándalo no es el número: es el rastro del dinero
Durante meses hemos publicado capítulos completos sobre:
- movimientos bancarios sin detalle verificable,
- nóminas confusas (fijos, contratados, externos),
- asesorías que aparecen como estructura interna,
- gastos administrativos y servicios sin soporte público,
- gastos bancarios/financieros que levantan preguntas,
- y una contabilidad que mezcla rubros y dificulta seguir el rastro.
Ahora llega el “paquete de asamblea” con balances, anexos y auditoría.
Y aun así, la pregunta de fondo sigue intacta:
¿Se puede seguir el rastro del dinero con lo que se entrega a la Asamblea?
Porque publicar un total no es rendir cuentas.
Rendir cuentas es poder responder, con documentos, esto:
- ¿a quién se pagó?
- ¿por qué se pagó?
- ¿con qué contrato/factura?
- ¿desde qué cuenta salió?
- ¿quién autorizó?
Si la Asamblea aprueba sin esa trazabilidad, lo que se aprueba no es un estado financiero: se aprueba un acto de fe.
5) Estatutos y presupuesto: cuando se cambia el poder y se blindan decisiones
En esta Asamblea no solo se votan cuentas.
Se votan reglas del juego.
Los estatutos no son un texto jurídico: son un mapa de poder.
Definen quién decide, quién vota, cómo se impugna, cómo se interpreta un conflicto y qué puertas quedan abiertas o cerradas.
El presupuesto no es un Excel: es la hoja de ruta real.
Define prioridades: qué se financia, qué se aplaza, qué se “promete” y qué se sostiene con ingresos sin soporte público visible.
Por eso, aprobar estatutos y presupuesto sin comprenderlos es abrir la puerta a un ciclo:
más estructura, más gasto, menos control y más opacidad.
6) Poner a cada uno en su lugar: quién responde en este momento
A) El Comité Ejecutivo
No puede pretender autoridad sin control.
Si convoca una Asamblea, debe garantizar:
- reglas claras,
- plazos adecuados,
- documentación verificable,
- y coherencia institucional.
Si no lo hace, la asamblea no es transparencia: es escenario.
B) Los asambleístas
Este es el punto más duro, pero también el más justo:
un asambleísta que aprueba sin entender no es espectador: es corresponsable.
No basta con decir “yo no soy contable”.
Si no se puede verificar, se exige.
Si no se entrega soporte, se pide aplazamiento.
Si se fuerza la votación, se deja constancia en acta.
C) La LDF (y el peso de su posición)
La Liga no es un actor menor.
Si calla, legitima.
Si se posiciona, puede cambiar el tablero.
En un momento como este, el silencio no es neutralidad: es influencia sin asumir costo.
D) MIDEREC, FIFA y Concacaf
Aquí hay un punto que duele:
entra dinero público y entra dinero internacional.
Si nadie exige estándares mínimos de trazabilidad y control real, el mensaje es devastador:
el fútbol dominicano puede operar sin verificación… y no pasa nada.
Y eso no es un problema deportivo.
Es un problema de país.
7) Lo mínimo que debería ocurrir antes de votar “sí”
No estamos pidiendo milagros. Estamos pidiendo lo básico:
✅ conciliaciones claras si hubo reclasificaciones
✅ anexos de contratos y proveedores en rubros sensibles
✅ detalle verificable de nómina y contratados
✅ criterio de tipo de cambio aplicado y evidencia de conversiones
✅ trazabilidad de picos de gastos bancarios/financieros
✅ acta con constancia de oposiciones y observaciones
Si no está, no se aprueba.
Se exige.
Se deja constancia.
Se aplaza.
Conclusión: si se aprueba así, el daño no será solo económico
Si esta Asamblea se celebra y se aprueba todo sin control real, el daño será triple:
- Se legitima el desorden.
- Se reparte la responsabilidad para que nadie responda.
- Se castiga el desarrollo del fútbol, porque el dinero se va donde no se puede verificar y no donde se puede medir.
Y entonces, cuando dentro de unos meses alguien pregunte “¿cómo llegamos a esto?”, la respuesta será incómoda:
llegamos porque muchos pudieron frenar… y decidieron mirar hacia otro lado.
Hoy, a cinco días, todavía estamos a tiempo de algo básico:
que cada actor asuma su parte.
Porque el fútbol dominicano no necesita discursos.
Necesita control, orden y verdad.
Cierre con llamada a acción
Si eres asambleísta, pide documentos.
Si eres dirigente de asociación, documenta y guarda pruebas.
Si eres aficionado, lee y compara.
Y si eres institución que aporta fondos, exige trazabilidad.
La transparencia no se aplaude: se demuestra.
