La incoherencia como norma: FEDOFUTBOL anuncia cambios, pero sigue instalada en el desorden

Imagen simbólica del desorden institucional en la Federación Dominicana de Fútbol tras el anuncio de cambios en su Secretaría General
La incoherencia como norma: la FEDOFUTBOL anuncia cambios, pero el desorden administrativo sigue sin resolverse.

La toma de posesión de Yelena Hazim Figuereo como secretaria general de la Federación Dominicana de Fútbol fue presentada como el inicio de una nueva etapa. Una oportunidad —quizá la última— para que el ente rector del fútbol dominicano diera señales claras de renovación, orden y responsabilidad institucional.

La expectativa era lógica: un relevo en la Secretaría General debía venir acompañado de decisiones inmediatas, de explicaciones pendientes y, sobre todo, de una reacción rápida por parte del Comité Ejecutivo que preside José Francisco Deschamps. Más aún después de unas largas y discutidas vacaciones navideñas, difícilmente justificables en una federación sumida en problemas administrativos, financieros y de credibilidad.

Nada de eso ocurrió.

Vacaciones largas, reflejos cortos

Lejos de percibirse un cambio de ritmo, la sensación dominante es la de siempre: ineptitud gerencial, parálisis decisoria y una preocupante falta de voluntad para rendir cuentas. La FEDOFUTBOL sigue funcionando como si el tiempo jugara a su favor, como si el silencio fuera una estrategia válida y como si nadie tuviera derecho a exigir explicaciones.

Uno no sabe si esta inacción responde al miedo al qué dirán, a compromisos heredados o a la lógica perversa de que los favores se pagan y se protegen bajo el manto de la opacidad. Lo cierto es que, a día de hoy, la federación continúa sin aclarar decisiones clave que afectan directamente a su estructura administrativa.

Ceses sin anuncio, cargos sin explicación

Han pasado varias semanas desde que se tomó la decisión de prescindir de José Frank Acosta (ex secretario general) y de Adolfo Suárez (subsecretario). Sin embargo, nadie ha comunicado oficialmente sus ceses. No ha habido nota institucional, resolución pública ni explicación mínima.

A pesar de que a voz populi se daba por hecho el relevo —y de que incluso en alguna publicación de la propia federación se deslizó el nombramiento del primero—, el silencio institucional ha sido absoluto.

Este vacío informativo no es casual. Es una constante.

Un comunicado que desvela el desorden

A este medio llegó, desde fuentes cercanas, un comunicado firmado por José Frank Acosta, dirigido a las Asociaciones provinciales, en el que afirma que asume una “nueva posición” dentro del Departamento de Servicios a los Miembros y se presenta como alguien que seguirá trabajando “más de cerca” con clubes y asociaciones.

El texto, más allá del tono cordial y agradecido, desvela una incoherencia grave:
¿cómo puede alguien que supuestamente ha sido apartado de la Secretaría General seguir asumiendo funciones internas sin que exista una comunicación oficial clara de su estatus dentro de la federación?

El comunicado no aclara si hubo destitución, reasignación, reubicación o simple continuidad bajo otra etiqueta. Y lo más grave: la federación tampoco lo aclara.

Un desorden dentro de otro desorden

Este episodio no es anecdótico. Es la radiografía perfecta de una institución convertida en un desorden dentro de otro desorden. Una federación que maneja recursos económicos significativos —muchos de ellos con destino específico— y que parece haber normalizado la falta de controles, la inflación de nóminas y la ausencia de planificación.

Las oficinas pueden parecer vacías de personal operativo, pero las nóminas siguen llenas. Los cargos se acumulan, los sueldos se suman mes tras mes y las responsabilidades se diluyen. Se administra dinero que no pertenece a quienes lo gestionan, pero se actúa como si fuera un botín sin dueño.

Esto no es gestión. Es desidia institucional.

¿Hacia dónde camina la FEDOFUTBOL?

Si no se pone orden, el desenlace es previsible. O habrá una intervención externa, o los conflictos terminarán dirimiéndose en los tribunales. No por persecución, sino por acumulación de errores, omisiones y decisiones mal explicadas.

Hoy, más que nunca, la FEDOFUTBOL necesita explicar, ordenar y limpiar. Pero no con palabras grandilocuentes ni actos controlados. Necesita hacerlo con documentos, resoluciones y transparencia real.

Porque cuando una casa lleva demasiado tiempo sin limpiarse, el polvo ya no está solo en las alfombras:
está incrustado en las paredes, en los pasillos y en los cimientos.
Y por mucha buena voluntad que traigan quienes llegan, ni el mejor aspirador del mercado puede eliminar décadas de suciedad acumulada sin voluntad real de cambio.

La pregunta sigue en el aire:
¿alguien va a explicar algo… o el silencio seguirá siendo la norma?

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