
Yelena Hazim Figuereo asumió este martes 6 de enero de 2026 la Secretaría General de la Federación Dominicana de Fútbol (FDF) tras un relevo sin precedentes en la institución. El acto, celebrado de manera interna en el salón de prensa de la federación, marcó el reinicio de las actividades administrativas tras el período vacacional de fin de año.
La presentación contó con la presencia del Comité Ejecutivo encabezado por el presidente José Francisco Deschamps, acompañado por varios de sus miembros y por el presidente de la Liga Dominicana de Fútbol. Un escenario formal, sobrio y cuidadosamente controlado, que dejó mensajes explícitos… y otros llamativos silencios.
Un proceso “abierto” que dejó descontentos
Durante su intervención, Deschamps defendió el nombramiento señalando que la federación llevó a cabo un “proceso largo”, con la recepción de propuestas desde distintas latitudes, antes de decantarse por quien —según sus palabras— representaba la mejor opción para la institución.
Sin embargo, esa versión contrasta con el malestar expresado en privado —y en algunos casos de forma pública— por varios aspirantes al cargo, quienes cuestionaron la forma en que se condujo el proceso. Algunos de ellos manifestaron sentirse utilizados como parte de un trámite formal, más orientado a justificar una decisión ya tomada que a valorar de manera real las distintas candidaturas presentadas.
Esa percepción, compartida por más de un postulante, deja en el aire una pregunta incómoda pero legítima:
¿fue realmente un proceso de selección competitivo o un procedimiento administrativo para respaldar una designación previamente definida?
Un relevo que rompe una continuidad histórica
Más allá del perfil de la nueva secretaria general —con experiencia previa en la federación y en otros deportes— el contexto en el que se produce el nombramiento introduce un elemento absolutamente inédito en la historia administrativa de la FDF.
Desde que hace aproximadamente 25 años se instauró la figura del secretario general por designación, ninguno de los titulares del cargo había sido destituido. Rolando Miranda y Arturo Heinsen completaron sus ciclos con normalidad institucional.
La salida de José Frank Acosta, secretario general saliente, rompe por primera vez esa continuidad histórica y marca un punto de inflexión en la gestión federativa. Un dato que no es menor y que, sin embargo, no fue explicado ni contextualizado durante el acto.
Un silencio que también comunica
Llama especialmente la atención que, pese a estar presente en el evento, el secretario general saliente no protagonizara en ningún momento un relevo formal del cargo. Las imágenes difundidas por la propia federación no muestran entrega simbólica de funciones, palabras de despedida ni reconocimiento público al trabajo desempeñado.
Ese vacío visual y protocolar no es irrelevante. En el lenguaje institucional, lo que no se muestra también comunica. Y en este caso refuerza la sensación de un cambio ejecutado con rapidez, pero sin el cierre administrativo y humano que suele acompañar este tipo de transiciones en organizaciones que apuestan por la estabilidad interna.
A ello se suma la ausencia de información pública sobre la situación posterior del propio Acosta y de su sub secretario: si fueron destituidos formalmente, reasignados o simplemente apartados de la estructura. Un aspecto que, sin cuestionar el nombramiento de Hazim, forma parte del derecho a la información en una federación que gestiona fondos públicos y privados.
Un reto que va más allá del cargo
Yelena Hazim asume la Secretaría General en un momento particularmente delicado, con procesos de regularización pendientes, exigencias claras de la FIFA y una federación sometida en los últimos meses a un escrutinio público creciente.
Su llegada representa un hito histórico al convertirse en la primera mujer en ocupar el cargo desde la fundación de la FDF en 1953, pero también abre una etapa marcada por la necesidad de recuperar confianza, orden administrativo y transparencia interna.
El tiempo dirá si este relevo servirá para corregir inercias, aclarar procesos y fortalecer la institucionalidad… o si quedará como un cambio de nombre dentro de una estructura que sigue evitando dar explicaciones completas.
